lunes, 30 de julio de 2012


Mi colega Juan Morales me ha enviado una foto que me ha detenido a pensar en cuánto ha pasado el tiempo, pero sobre todo, me ha trasladado 33 años atrás, hasta la conmemoración del primer aniversario del periódico 26, hoy semanario, tomada en la conmemoración del primer aniversario del otrora diario de la oriental provincia de Las Tunas, fundado el 26 de julio de 1978.

La imagen fue tomada en la terraza del edificio marcado con el número 157, de la calle Colón de la ciudad de Las Tunas, donde radicaba el periódico, justamente en el mismo lugar que hoy ocupa la emisora provincial Radio Victoria.

Fue exactamente el 26 de julio de 1979, día en que festejamos eufóricos el primer aniversario del diario, nacido con la inexperiencia del colectivo, pero sobre todo, por la entereza de quienes tuvimos la primera responsabilidad de aceptar aquel reto inscrito por siempre como uno de los hechos más importantes en la historia del periodismo revolucionario de la actual provincia de Las Tunas.

Recuerdo que era una noche calurosa, en pleno verano, pero cómplice por completo de todos los que allí estábamos, festejando un hecho inédito, y con el entusiasmo juvenil que nos caracterizaba, porque no exagero si afirmo que por lo menos el 95 por ciento de los que hacíamos el diario éramos veinteañeros.

Haber caminado con muchos tropiezos, pero con éxito, aquel primer año, bien merecía una fiesta, y la hicimos por todo lo alto: con música, comida, y mucha alegría.

Era viernes, y ese día habíamos adelantado la salida del periódico sabatino, de modo que todo estuviera listo temprano en la noche para que los compañeros que trabajaban en la rotativa, (a quienes en todos los periódicos de Cuba se les llamaba cariñosamente "Los Leones"), tuvieran la posibilidad de terminar su faena para que participaran en la fiesta

Sé que en aquel jolgorio estaba todo el colectivo de 26 y varios invitados, y en el caso de la foto que les muestro amplío un poco más sobre quiénes eran y quiénes son hoy, 33 años después.

Andrés Castellanos estuvo con nosotros el el periódico hasta la década del 90 y era miembro del equipo económico; hoy labora como reportero en Radio Libertad, en Puerto Padre. Ramiro Segura era el jefe del equipo político-ideológico, que agrupara a los otros reporteros; desde 1988 es el director.

Abel Fernández, el "Viejo" Abel, era tipógrafo, y toda una cátedra de las artes gráficas en estos lares, y estuvo muchos años con nosotros, hasta su jubilación bastante tardía; hace unos tres años murió con avanzada edad.

Julio César Pérez Viera, pertenecía al equipo político, y si mal no recuerdo atendía los temas de organizaciones de masa; hoy es corresponsal de Radio Progreso en la provincia de Las Tunas. Eduardo Infante, hombre superinteligente, era el alma de la mecánica en el taller y hoy aporta su talento en la Unidad Gráfica Alejo Carpentier.

Norge Santiesteban era y sigue siendo fotorreportero, Luisito Arias era y sigue siendo chofer; Juan Emilio Batista era reportero deportivo y hace poco se jubiló; Raúl Estrada era reportero del equipo Político y ahora labora en Radio Victoria; yo todavía no era periodista, sino fotograbador.

De los que no están en la foto recuerdo a otros fundadores como José Infante Reyes, el director; Nelson Marrero, subdirector; los periodistas Ulises Espinosa, Juan Soto Cutiño, Freddy Pérez Pérez, Oscar Góngora Jorge; Wálner Ortega; el fotograbador Alexis Peña López; el tipógrafo Melo; los hermanos Alcides y Melquiades, dos de Los Leones; el linotipista Roberto Escobar... y que me perdonen aquellos a los que no he mencionado porque no me vienen a la mente, pero a todos los que iniciamos, les brindo mi pequeño y humilde homenaje con esta nota.

sábado, 28 de julio de 2012



Confieso que Carlos Tamayo siempre me sorprende agradablemente cuando habla de forma apasionada de algún tema, porque es uno de esos hombres que desbordan sabiduría a través de su verbo.

Pero en su defensa de Maestría en Desarrollo Cultural Comunitario hace solo unas horas, me dejó con la boca abierta al responder, de manera magistral, las 11 preguntas que le hizo el Doctor Guillermo Montero, su oponente, quien le buscó la esencia a su investigación sobre facetas de la vida de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé, en su libro En Santiago y otras fuentes, y permitió a través de sus interrogantes, que el auditorio quedara maravillado con la sabiduría de este intelectual que cautiva con la palabra.

A Carlos lo conozco de toda la vida, porque nacimos en el mismo barrio de nuestra ciudad: Las Tunas, al oriente de Cuba y desde que estudiaba en el preuniversitario comenzó sus investigaciones sobre Nápoles Fajardo (de quien soy descendiente por parte de mi madre, algo que descubrió él a través de sus estudios sobre el bardo), para convertirse definitivamente en el biógrafo de El Cucalambé, personalidad cautivante del siglo XIX cubano, que ha dejado una estela de misterio a partir de su fecunda vida, a pesar de solo contar con 32 años cuando murió.

En la década del 80 del pasado siglo, Carlos y yo coincidimos profesionalmente en el entonces diario 26: él era el Jefe de Redacción y yo uno de los reporteros del medio, y aprovechaba cada señalamiento y enseñanza en su calidad de filólogo y periodista.

Después él fue elegido presidente del Comité provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en Las Tunas y nuestros caminos se separaron un poco desde el punto de vista profesional, hasta que yo ingresé en la organización a inicios de la década del 2000, y volvimos a trabajar juntos hasta hoy, él como máximo representante de la intelectualidad tunera y yo como presidente de la Filial de Cine, Radio y Televisión.

Por eso siento orgullo de trabajar con Carlos Tamayo, excepcional en todos los sentidos, y el orgullo crece más por ser amigos, porque una persona de su estatura ofrece una sombra que cobija, parabién de quienes aprovechamos sus ramas.

jueves, 26 de julio de 2012

Hoy es 26 de julio, y es un día de fiesta en Cuba, mi país, y para mí tiene una doble significación, porque un día como hoy, hace 22 años, nació mi hijo más pequeño, Jose Alberto, una suerte de muchacho que se ha ido de las manos porque hace mucho tiempo que dejó de ser el más chiquito.

Jose hoy estudia Medicina, y es algo así como el barredor de tristeza de la casa, el ocurrente, el que siempre te sosprende con algo para alegrar a la familia pequeña: María, su mamá, Maikel, su hermano mayor y yo.

Los cuatro vivimos juntos, y para mí siguen siendo mis niños aunque hayan crecido y hagan su vida, porque para los padres al final los hijos no crecen, y aunque sean unos viejos siguen siendo los pequeños de la casa.

En la casa la hemos pasado de manera tranquila, en familia, picamos una panetela, comimos helado de chocolate, nos hicimos fotos, y ahora les regalo una de Jose con su hermano, porque cada año en el cumpleaños de ambos, siempre el hacerles fotos es como un ritual, para captar la imagen del tiempo y del propio instante en que cumplen un año más.

Por eso este día bendigo a Jose Alberto y a mi familia toda, esa que siempre está conmigo, para alegrarme los días y las noches, como una suerte de la vida que me ha regalado un seno en el que cada día vivo plenamente.

sábado, 14 de julio de 2012

Cuando en la provincia de Las Tunas se habla de la joven generación de los artistas de la plástica, hay que mencionar el nombre de José Manuel Mayo, un pintor que busca en cada trazo una de las razones de su existencia, y la encuentra.

Mayo nació en la ciudad de Las Tunas, al oriente de Cuba, en 1976 y desde muy pequeño sintió una atracción muy grande por las formas y los colores, y hasta se buscaba grandes problemas con sus maestros, porque sus libretas mostraban los trazos todavía incoherentes de un futuro pintor.
 

Y así marchó hacia la Academia, y después de intensos años de estudios egresó un día de 1997 con su título bajo el brazo y la cabeza llena de ideas y colores, que fueron buscando las formas ideales para llevarlas al lienzo. 

Entonces comenzó una etapa tan intensa, que a veces se detenía ante el lienzo manchado por sus trazos y pensaba en cómo liberar de una vez toda aquella energía interna que lo invadía, hasta que volvía a tomar su pincel, cual fusil para la batalla, y lo pasaba una y mil veces por aquellas líneas y formas que de su cerebro iban al espacio creado en busca de la comunicación. 

Al principio se imponía el arte figurativo, el contemplativo, pero no se conformaba y quería más, y descargaba la academia y el oficio en cada cuadro, hasta que un día descubrió el arte abstracto que lo atrapó para siempre, porque a través del abstraccionismo fluyen mejor sus ideas en temas tan diversos como el pensamiento. 

Hoy, 15 años después de su egreso de la Academia, Mayo tiene una impresionante hoja de vida, que abarca casi 80 exposiciones colectivas, personales, bipersonales y eventos, y una docena de importantes premios ganados al calor de una competencia marcada por la calidad de los competidores. 

Siempre activo, siempre práctico y soñador, capaz de sacrificarse por los demás más que por él mismo cuando de arte se trata, del talento de Mayo supo durante muchos años la Asociación Hermanos Saíz, y hoy el Comité provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) lo cuenta como vicepresidente de la Filial de Artistas Plásticos, una plaza desde donde se esfuerza cada día en función del desarrollo de las piezas bidimensionales y tridimensionales. 

Por eso es que José Manuel Mayo goza de un gran prestigio dentro de un mundo tan complejo como el del arte, porque ha sabido ganárselo a fuerza de voluntad, talento y altruismo, como saben hacerlo quienes siempre tienen la mira puesta en los colores de un sol que nace para todos.