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domingo, 5 de agosto de 2012


Mi pasión por la fotografía viene quizás porque una imagen es una fiel testigo de una época determinada. Cuando pasan los años, las fotos cobran un interés especial en el ámbito personal, familiar, para las amistades, y nos remontan a hechos y lugares que un día fueron y que siguen siendo cuando nos detenemos a contemplar el instante "congelado".

Por eso agradezco el gesto de mi amigo y colega Juan Morales, de haber desempolvado dos fotos de cuando trabajábamos como reporteros en el periódico 26 y que él bautizó con el título de "Recholata en el periódico", porque evidentemente fueron tomadas en momentos de festejos por algún motivo, pero que ni él ni yo nos acordamos del porqué.
        
Y ahí está el propio Juan, en la primera imagen a la derecha detrás de mí, y en la segunda el quinto de derecha a izquierda. Y veo la juventud de 15 ó 16 años atrás de Juan Soto Cutiño, ese negrito que tanto admiro desde que lo conozco, porque para él no hay tiempos malos y siempre mantiene su carácter bonachón; a Raúl Estrada, con su barba negrita, sin una cana; a Wálner Ortega, seguramente con unos tragos de más por su cara de cumpleaños; al difunto Ricardo Varela, que en gloria esté; a Freddy Pérez, a quien cariñosamente llamamos El Bolo; o a Luisito El Cangrejo, ese chofer que lleva años trabajando para los periodistas.

También me alegra ver a Peñita el fotorreportero; a Jorge Pérez, a quien la vejez lo ha favorecido sobre todo en la disminución del diámetro de su cabeza, a Aliuskita Barrios, que era tan delgadita como hoy, cuando dirige los destinos de la Radio en la provincia; a Mastrapa, tan alto como hasta ahora; a Góngora, a quien yo llamaba el Mozo de la información y acudía a él cuando no podía parir un lead; a Nelson Marrero, subdirector en aquellos momentos y hoy jubilado, a Infante, el director, a...

¡Qué colectivo aquel, que aún mantiene a la mayoría de mis colegas y del cual todavía me siento parte!

Es increíble cómo después de marcharme del periódico para la radio, allá por 1994 (creo que por ese propio año de las fotos), siga sintiéndome parte de ese colectivo, con el que disfruto a plenitud cuando nos reunimos en alguna tertulia de la Unión de Periodistas, o de un evento del sector.

Quizás sea porque fue con todos esos profesionales con quienes me comencé a formar como periodista, porque fueron años de intenso aprendizaje, de hermanamiento, de bromas, de juventud, de mucho trabajo en el fogueo de un diario.

Lo cierto es que estas dos fotos me han hecho volver a vivir una época linda, de amigos que aunque no los vea todos los días están ahí, en mi memoria, a la izquierda del corazón, como los elegidos, al decir de Roque Dalton, porque en verdad muchos de ellos me ayudaron a ser lo que soy, y porque hemos crecido juntos en la difícil profesión del periodismo.


lunes, 30 de julio de 2012


Mi colega Juan Morales me ha enviado una foto que me ha detenido a pensar en cuánto ha pasado el tiempo, pero sobre todo, me ha trasladado 33 años atrás, hasta la conmemoración del primer aniversario del periódico 26, hoy semanario, tomada en la conmemoración del primer aniversario del otrora diario de la oriental provincia de Las Tunas, fundado el 26 de julio de 1978.

La imagen fue tomada en la terraza del edificio marcado con el número 157, de la calle Colón de la ciudad de Las Tunas, donde radicaba el periódico, justamente en el mismo lugar que hoy ocupa la emisora provincial Radio Victoria.

Fue exactamente el 26 de julio de 1979, día en que festejamos eufóricos el primer aniversario del diario, nacido con la inexperiencia del colectivo, pero sobre todo, por la entereza de quienes tuvimos la primera responsabilidad de aceptar aquel reto inscrito por siempre como uno de los hechos más importantes en la historia del periodismo revolucionario de la actual provincia de Las Tunas.

Recuerdo que era una noche calurosa, en pleno verano, pero cómplice por completo de todos los que allí estábamos, festejando un hecho inédito, y con el entusiasmo juvenil que nos caracterizaba, porque no exagero si afirmo que por lo menos el 95 por ciento de los que hacíamos el diario éramos veinteañeros.

Haber caminado con muchos tropiezos, pero con éxito, aquel primer año, bien merecía una fiesta, y la hicimos por todo lo alto: con música, comida, y mucha alegría.

Era viernes, y ese día habíamos adelantado la salida del periódico sabatino, de modo que todo estuviera listo temprano en la noche para que los compañeros que trabajaban en la rotativa, (a quienes en todos los periódicos de Cuba se les llamaba cariñosamente "Los Leones"), tuvieran la posibilidad de terminar su faena para que participaran en la fiesta

Sé que en aquel jolgorio estaba todo el colectivo de 26 y varios invitados, y en el caso de la foto que les muestro amplío un poco más sobre quiénes eran y quiénes son hoy, 33 años después.

Andrés Castellanos estuvo con nosotros el el periódico hasta la década del 90 y era miembro del equipo económico; hoy labora como reportero en Radio Libertad, en Puerto Padre. Ramiro Segura era el jefe del equipo político-ideológico, que agrupara a los otros reporteros; desde 1988 es el director.

Abel Fernández, el "Viejo" Abel, era tipógrafo, y toda una cátedra de las artes gráficas en estos lares, y estuvo muchos años con nosotros, hasta su jubilación bastante tardía; hace unos tres años murió con avanzada edad.

Julio César Pérez Viera, pertenecía al equipo político, y si mal no recuerdo atendía los temas de organizaciones de masa; hoy es corresponsal de Radio Progreso en la provincia de Las Tunas. Eduardo Infante, hombre superinteligente, era el alma de la mecánica en el taller y hoy aporta su talento en la Unidad Gráfica Alejo Carpentier.

Norge Santiesteban era y sigue siendo fotorreportero, Luisito Arias era y sigue siendo chofer; Juan Emilio Batista era reportero deportivo y hace poco se jubiló; Raúl Estrada era reportero del equipo Político y ahora labora en Radio Victoria; yo todavía no era periodista, sino fotograbador.

De los que no están en la foto recuerdo a otros fundadores como José Infante Reyes, el director; Nelson Marrero, subdirector; los periodistas Ulises Espinosa, Juan Soto Cutiño, Freddy Pérez Pérez, Oscar Góngora Jorge; Wálner Ortega; el fotograbador Alexis Peña López; el tipógrafo Melo; los hermanos Alcides y Melquiades, dos de Los Leones; el linotipista Roberto Escobar... y que me perdonen aquellos a los que no he mencionado porque no me vienen a la mente, pero a todos los que iniciamos, les brindo mi pequeño y humilde homenaje con esta nota.

domingo, 10 de junio de 2012


Antes de conocer algo de un periódico por dentro, casi que me rompía la cabeza tratando de adivinar, cómo era posible llevar una imagen a un papel, sin pensar siquiera que un día yo iba a estudiar los principios de la fotografía y el fotograbado como especialidad de las Artes Gráficas.  
Así, por primera vez en mi corta vida, escuché hablar de Tipografía, Impresión, Fotografía de prensa, Fotograbado, Linotipo..., como algunas de las especialidades relacionadas con los periódicos, y enseguida me fascinó la idea de convertirme en fotorreportero y escuché con atención todo lo que debían hacer los interesados.

Era por aquel entonces estudiante de secundaria básica y tenía fascinación por las cámaras, las fotos, el cine y el periodismo, y estando en noveno grado se apareció a mi escuela un periodista y fotógrafo que le decían Gallo y conversó con los alumnos para captar estudiantes para diferentes especialidades de las Artes Gráficas, porque ya se vaticinaba la nueva división político administrativa en Cuba, y el territorio donde vivíamos sería una provincia y se abriría un periódico diario y había que preparar a los especialistas que trabajarían en la futura empresa.


Unos días después, varios estudiantes nos personamos en la dirección del Partido Comunista del entonces Territorio Tunas-Puerto Padre, perteneciente a la provincia de Oriente, y nos presentamos ante Gallo, cuyo verdadero nombre era Rosano Zamora Paadín y era el padre del periodismo revolucionario en la región, quien tenía la misión de echar a andar el futuro periódico, desde su posición de funcionario del Partido.

Nos apuntamos como pretendientes de futuros especialistas de las Artes Gráficas, con vistas a estudiar en la escuela poligráfica provincial Félix Bravo Hernández, de la ciudad de Santiago de Cuba, capital de Oriente, y unos días después tendríamos que presentarnos en aquel centro para hacer el examen de aptitud, que nos daría el pase a los estudios.

Y así llegó el día, y a Santiago nos fuimos un grupo como de 30 estudiantes de diferentes secundarias básicas, y en tren llegamos a la famosa urbe oriental, llena de lomas, historia y gente hospitalaria, por donde había comenzado la Revolución que triunfó el primero de enero de 1959, con el ataque al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, por un grupo de jóvenes comandados por Fidel Castro. Durante todo un largo día hicimos el examen cientos de alumnos de toda la provincia de Oriente y regresamos a casa en espera de la selección final.
 
Por aquellos días el curso escolar 1971-1972 terminaba, y un día Gallo, que vivía muy cerca de mi casa, me llamó y me dijo que había sido uno de los seleccionados y que tendría que marchar a Santiago a finales de agosto para comenzar el calendario docente el primero de septiembre, creo, y así fue.

De mi territorio habíamos sido seleccionados José Pérez Gamboa, Walfrido Machado (Palito), Alexis Peña López, Norge Santiesteban Vidal, Carlos y Alberto, cuyos apellidos no recuerdo y yo, quienes partimos a Santiago en la fecha prevista para iniciar el calendario 1972-1973.

Cuando llegamos a la escuela comenzaron a repartirse las especialidades según las solicitudes, y en Fotografía solo había una plaza, que en el caso de Las Tunas pedíamos Norge y yo y no recuerdo por qué se la otorgaron a Norge. Entonces me decidí por el Fotograbado, junto con Alexis, de lo cual me alegré tiempo después, porque con los mismos principios de la fotografía era una especialidad inédita en mi territorio y algo verdaderamente fascinante. José Pérez, Palito, Carlos y Alberto se inclinaron por la Impresión y la Tipografía.

Las clases teóricas se impartían en la escuela, ubicada en la calle Calvario entre Enramada y San Gerónimo, en el mismo corazón de la ciudad, y la práctica se hacía en los diferentes talleres de las Artes Gráficas. En el caso de Fotograbado Alexis y yo hacíamos las prácticas en el periódico Sierra Maestra, emblemático diario de Cuba, y que abarcaba a toda la provincia de Oriente, la más grande del país.

A la vuelta de tantos años me es imposible narrar la experiencia que para mí (y para Alexis) representaba estar dentro del periódico Sierra Maestra, por lo que era aquel medio de prensa. Y yo, además de estudiar en profundidad el Fotograbado, no me perdía ni uno de los rincones del taller y la Redacción del diario, y tuve en Bell y Ocaña a mis grandes profesores del Fotograbado, que me cautivó para siempre.

El Fotograbado cuenta como especialidad con tres departamentos: Copia, Pase y Grabado, y aunque uno se formaba integralmente, después de graduados los fotograbadores se especializaban en uno de los tres.

La Copia (el más fascinante para mí y del que depende la calidad del trabajo final), consiste en copiar en una película la foto que se quiere llevar al papel, mediante una cámara fotográfica oscura y a través de una retícula o trama, para lograr los puntos en relieve. La luz utilizada es cegadora, y se logra mediante carbones para que la imagen se capte a través del lente. Es preciso seleccionar la abertura precisa y el tiempo preciso de exposición, para que el negativo no quede ni subexpuesto ni sobrexpuesto.

Ese negativo se lleva al departamento de Pase, en el que se utiliza una plancha con una aleación de zinc y aluminio que se limpia con un polvo llamado piedra pome para quitarle toda la grasa. Cuando está completamente limpia se cubre con un esmalte sensible a la luz que se seca mediante calor, luego se le coloca el negativo encima y se le expone a la luz, también de carbón. Una vez expuesta ya la fotografía queda captada en la plancha, pero es necesario lograr el relieve para la impresión y entonces aparece el Grabado, que cuenta con una máquina con ácido nítrico rebajado con agua.

Dentro de esa máquina se coloca la plancha con la foto y se echa a andar; la máquina cuenta con unas paletas que giran a velocidad y le van tirando ácido a la plancha, para ir comiendo las partes blancas de la imagen. Al final, los puntos quedan a relieve y la fotografía está lista para la impresión.

Todo este proceso requiere de mucha maestría porque la precisión es vital en cada uno de los departamentos para lograr un trabajo de excelencia.

Una vez graduados en el curso escolar 1973-1974, regresamos a Las Tunas, pero como el periódico no había comenzado, me reorienté hacia la educación y comencé a formarme como profesor de Secundaria Básica, hasta que en 1978, cuando ya Las Tunas era provincia desde 1976, se iniciaron los preparativos del inminente diario con el montaje de todo el taller y la Redacción, y el 26 de julio de 1878, con la primera edición, salieron a la luz nuestros primeros grabados, todo un acontecimiento personal y para la provincia.